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jueves, 24 de marzo de 2011

... “La teoría de las ventanas rotas” ...

En  1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip
Zimbardo realizó un experimento de psicología  social.
 
 Dejó  dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la
misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx,  por
entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el  otro en Palo
Alto, una zona rica y tranquila de California.  Dos autos idénticos
abandonados, dos barrios con poblaciones  muy diferentes y un equipo
de especialistas en psicología  social estudiando las conductas de la
gente en cada  sitio.
 
 Resultó  que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser bandalizado
 en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el  radio,
etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no,  lo
destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se  mantuvo
intacto.
 
 Es  común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución  en
la que coinciden las posiciones ideológicas más  conservadoras, (de
derecha y de izquierda). Sin embargo, el  experimento en cuestión no
finalizó ahí, cuando el auto  abandonado en el Bronx ya estaba
deshecho y el de Palo Alto  llevaba una semana impecable, los
investigadores decidieron  romper un vidrio del automóvil de Palo
Alto, California. El  resultado fue que se desató el mismo proceso que
en el Bronx  de Nueva York y el robo, la violencia y el vandalismo
redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio  pobre.
 
 ¿Por  qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario
supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso  delictivo?.
 
 No  se trata de pobreza. Evidentemente  es algo que tiene que ver con
la psicología, el  comportamiento humano y con las relaciones
sociales.
 
 Un  vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de
deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo  códigos
de convivencia, como de ausencia de ley, de normas,  de reglas, como
que todo vale nada. Cada nuevo ataque que  sufre el auto reafirma y
multiplica esa idea, hasta que la  escalada de actos, cada vez peores,
se vuelve incontenible,  desembocando en una violencia irracional.
 
 En  experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling)
desarrollaron la “teoría de las ventanas  rotas”,  misma que desde un
punto de vista criminológico concluye que  el delito es mayor en las
zonas donde el descuido, la  suciedad, el desorden y el maltrato son
mayores.
 
 Si  se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo
repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una  comunidad exhibe
signos de deterioro, y esto es algo que  parece no importarle a nadie,
entonces allí se generará el  delito. Si se cometen “esas pequeñas
faltas” como estacionarse  en lugar prohibido, exceder el límite de
velocidad o pasarse  una luz roja y estas pequeñas faltas no son
sancionadas,  entonces comenzarán a desarrollarse faltas mayores y
luego  delitos cada vez más graves.
 
 Si  los parques y otros espacios públicos son deteriorados
progresivamente y nadie toma acciones al respecto, estos  lugares
serán abandonados por la mayoría de la gente (que deja  de salir de
sus casas por temor a los malandros), esos  mismos espacios
abandonados por la gente serán progresivamente  ocupados por los
delincuentes.
 
 La  respuesta de los estudiosos fue más contundente aun, indicando
que, ante el descuido y el desorden, crecen muchos males  sociales y
se degenera el entorno.
 
 Tan  solo vea un ejemplo en casa: si un padre de familia deja que  su
casa tenga algunos desperfectos, como falta de pintura de  las paredes
en mal estado, malos hábitos de limpieza, malos  hábitos alimenticios,
malas palabras, falta de respeto entre  los miembros del núcleo
familiar, etc., etc., etc., entonces  poco a poco se caerá en un
descuido de las relaciones  interpersonales de los familiares y
comenzarán a crear malas  relaciones con la sociedad en general y
quizá algún día  llegarán a caer en prisión.
 
 Esa  puede ser una hipótesis de la descomposición de la sociedad
venezolana, la falta de apego a los valores universales,  la falta de
respeto de la sociedad entre sí, y hacia las  autoridades (extorsión y
soborno) y viceversa, la corrupción  en todos los niveles, la falta de
educación y formación de  cultura urbana y la falta de oportunidades,
ha generado  un país con ventanas rotas, con muchas ventanas rotas y
nadie  parece estar dispuesto a repararlas.
 
 La  solución a este problema yo no la tengo, pero he  comenzado a
reparar las ventanas de mi casa, estoy  tratando de mejorar los
hábitos alimenticios de mi familia, le  he pedido a todos los miembros
de la familia que evitemos  decir malas palabras delante de nuestros
hijos, también hemos  acordado no mentir, ni siquiera mentiras
pequeñas, porque  no hay mentiras pequeñas, ni grandes, una mentira es
 una mentira y punto, hemos acordado aceptar las  consecuencias de
nuestros actos con valor y responsabilidad,  pero sobre todo dar una
buena dosis de educación a nuestros  hijos, con esto y con la ayuda de
Dios espero comenzar a  cambiar en algo lo que antes hubiera hecho
mal, he soñado que  los míos algún día repitan esto el día de mañana,
con la finalidad de que los hijos de mis hijos, o los  nietos de mis
hijos vean algún día, una nueva Venezuela, una Venezuela  sin ventanas  rotas.

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